Situada sobre una franja de 20 km de costa, la ciudad de Alejandría es la segunda ciudad más grande de Egipto. En el año 332 a d C, Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles, conquista Egipto. Recibido como liberador después de la ocupación persa, se hizo consagrar faraón en el oasis de Amón. Conservando Menfis como capital, tiene la idea de transformar Rakhotis, un pequeño pueblo de pescadores en un gran puerto abierto al Mediterráneo y fundar una de las primeras ciudades del mundo helenístico, Alejandría. Tras la muerte de Alejandro, la dinsatía lágida de los Ptolomeos continuará el sueño de Alejandro, desarrollando la ciudad según el modelo rectilíneo de la ciudades de Asia Menor. Paralelamente, un nuevo dios se nombra en Alejandría, Serapis, sincretismo de divinidades griegas y egipcias; aceptado fácilmente como dios nacional por las dos religiones, un templo se edifica en su honor, el Serapeo. Decididos a transformar esta ciudad en la capital intelectual del mundo helenístico, dotan a los sabios y filósofos de la época con una academia o templo de las Musas, el famoso Museo. Una crónica antigua narra que cuando los invasores árabes entraron en Alejandría en el siglo VII, contemplaron maravillados la amplitud y grandiosidad de las calles y resplandor del mármol de los edificios. Pocos son los vestigios arqueológicos que han podido llegar hacia nosotros. Las últimas investigaciones han permitido encontrar bajo las aguas del Mediterráneo los vestigios de la última capital de Egipto, del famoso faro y del Palacio de Cleopatra.
Los lugares más relevantes son: Las catacumbas de Kom al-Sugafa; la nueva biblioteca de Alejandría; la columna de Pompeyo, el Fuerte de Qait Bey; el museo grecorromano; el museo real de Joyería, la necrópolis de Anfushi; el palacio Ras el Tin y el palacio Montazah.