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Aswan, la Swenet de los antiguos egipcios o la Syene de los griegos, se encuentra a 886 kilómetros al sur de El Cairo, en la orilla oriental del Nilo a la salida de la primera catarata. Allí se acaba el Valle de Nilo y sus tranquilos paisajes, y con él Egipto. Estamos a la puerta de Nubia: kilómetros de desiertos de arena y las inmóviles aguas del majestuoso Lago Nasser suceden a los cultivos y a las pintorescas escenas a orillas del mítico río.
La capital del primer nomo altoegipcio en sí estaba en la isla de Elefantina, situada enfrente de la ciudad moderna. Allí se veneraba también a los dioses de las cataratas, Jnum y Satet. En la orilla occidental se cavaron en la arenisca las tumbas hipogeas de los más importantes príncipes locales desde la VI dinastía hasta la XII. En toda la zona granítica de Aswan se encuentran las huellas de canteras antiguas. Son famosos el obelisco gigante inacabado y la estatua de Osiris sin terminar. Las rocas tienen frecuentemente inscripciones de los jefes de las expediciones a Nubia. Resulta asimismo extremadamente informativo el museo dedicado a la civilización nubia.
Tras las innumerables visitas arqueológicas que el viajero habrá realizado a lo largo del valle del Nilo y talvez estando ya un poco saturado en lo que a su pasión por las piedras se refiere, disfrutará seguramente de una relajante estancia en esta ciudad de clima perfecto, con una pureza en el aire inigualada y unos paisajes únicos en Egipto. Las visitas a los alrededores de la ciudad son relajantes, pues la mayoría de estas se hacen en los típicos veleros llamados pelucas, deslizándose por los bloques redondeados de la primera catarata, disfrutando de las maravillosas vistas panorámicas de las islas dominadas por la elegante silueta del mausoleo del Agha Khan.
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| Templo de Philae |
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Los afortunados viajeros de años pasados han conocido el incomparable encanto de este paseo en barca, conducida por niños nubios que cantaban al ritmo de los remos, dando vueltas por una isla de templos hundida en sus tres partes en el agua, paseando alrededor de las corolas en flor de sus capitales. Actualmente la isla original se encuentra totalmente sumergida bajo las aguas, pero la vecina isla de Egilkia fue escogida por la UNESCO para recibir sus templos; arrasada, volvieron a darle la forma de la primitiva isla, la de una ave (una de las representaciones de la diosa Isis). Como centro del culto de Isis, el conjunto de Filae fue un importante lugar de peregrinación de sus fieles hasta bien entrada la época cristiana. Las construcciones visibles ser remontan a Nectanebo I, pero sobre todo a la época ptolemaica y romana. Durante esta fase tardía, fue uno de los lugares de culto egipcios más importante de Egipto y Nubia. Desde el pequeño templo de Nectanebo, el camino conduce a través de un patio alargado rodeada de columnatas, para después penetrar en el interior del templo. Las numerosas instalaciones secundarias, como el quiosco de Trajano y la Puerta de Augusto, pertenecen casi todas a la época imperial. A pesar de su tardía construcción, los relieves son de gran calidad. Especialmente importantes son los textos hímnicos. Al anochecer se realiza el espectáculo de Luz y Sonido, para muchos el mejor de los cuatro que se realizan en Egipto. |
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