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La fascinación del mundo para Egipto gira sobre todo en torno a la majestuosidad de sus yacimientos arqueológicos; hace cinco mil años, una sofisticada civilización elaboró una de las explicaciones del mundo y de la existencia más complejas de la Antigüedad. Como testimonio de esta sabiduría, la cultura faraónica levantó templos, colosales estatuas y, sobre todo, algunas de las tumbas más prodigiosas que jamás ha creado el hombre.
El Nilo fue la poderosa fuerza que permitió el desarrollo del antiguo reino de Egipto. Entonces, como hoy, el rió era la columna vertebral del país. La crecida inundaba anualmente los cultivos y al retirarse depositaba un barro negruzco y fértil, el limo. Esto dio como resultado una agricultura rica y variada que permitió el crecimiento de la extraordinaria cultura faraónica. Desde el punto de vista religioso, el cauce del Nilo separaba el este, por donde el sol se levanta todas las mañanas, el territorio de la luz y la vida, en el que se concentran los templos y los palacios, del oeste, la tierra del crepúsculo y de la oscuridad, donde se guardaban los complejos de tumbas.
A lo largo de toda la historia egipcia, varios pueblos invadieron Egipto, dejando sus huellas en sus monumentos y sus descendientes.
El corazón egipcio palpita hoy en El Cairo, la "Madre del Mundo", un ciudad gigantesca, llena de contrastes, reivindicativa , el espejo de una sociedad que afronta al futuro sin ignorar su glorioso pasado. Por todo ello, el Egipto actual es un destino apasionante, lleno de sorpresas y estímulos para el viajero. |
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