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| El Templo de Luxor |
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Encuadrado en la ciudad moderna y construido a borde del Nilo, sus admirables proporciones y sus altas columnas maravillan al viajero: sensación de sencillez tranquilizante después del revoltillo de laberintos de Karnak. Este templo era la capilla de Año Nuevo de Karnak o “Harén del Sur” de Amón. Una vez al año, durante la gran fiesta de Opet, el dios venía a visitar a su compañera. Levantado sobre las ruinas de un santuario del Imperio Medio, fue principalmente la obra de dos poderosos faraones del Imperio Nuevo, Amenofis III y Ramses II. El gran conquistador Alejandro Magno reconstruyo el santuario. Más tarde, los coptos lo ocuparon. Entre sus muros, los árabes construyeron una mezquita para el santo local Abu el-Haggag. Hace más de cien años, este templo estaba todavía enterrado en la arena, pero fue desperado por Maspero a partir de 1883. El templo está presidido por dos estatuas de Ramses II, junto a un obelisco de 25 metros de altura. De los dos que había uno fue donado por Mohamed Ali al rey Felipe de Francia en 1835, y se yergue actualmente en Paris en la Plaza de la Concordia.
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| El Templo de Karnak |
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Esta “monstruosa joya de piedra” comprende tres grandes conjuntos monumentales, cada uno de ellos limitado por un gigantesco recinto de adobe y que corresponden, respectivamente, de norte a sur a los dominios de Montú, Amón y Mut. En el templo de Amón realizaron sucesivas ampliaciones los monarcas de Egipto, desde el Imperio Medio hasta el período romano, pero las obras más importantes corresponden al Imperio Nuevo. Cada faraón fue construyendo hacia delante su propio edificio, limitándolo con un pilón rodeado de obeliscos, colosos, etc… Si tuviéramos que destacar algún recinto, este sería la sala más imponente del mundo: la gran sala hipóstila, verdadero bosque de columnas. Es imposible no quedarse fascinado por sus enormes proporciones sobrehumanas y al mismo tiempo harmoniosas. Especialmente bonito es el espectáculo de luz y sonido que narra la historia de Tebas y del templo al compás de las luces que lo iluminan y da a conocer los detalles de su construcción a lo largo de los 1.500 años que duró el proceso.
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| El Valle de los Reyes |
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El Valle de los Reyes, conocido también como Biban el-Muluk, o “Puerta de los Reyes” cobija en la actualidad 58 tumbas correspondientes a los monarcas de las dinastías XVIII, XIX y XX. En el Imperio Nuevo, los reyes eligieron una nueva necrópolis tras expulsar a los hicsos y rompieron con la tradición: separaron sus templos funerarios de sus tumbas. Los templos se construyeron en la ribera oeste, a orillas del Nilo, mientras los hipogeos fueron cavados en la montaña tebana; con el objetivo de evitar los saqueos y expoliaciones de ladrones sin escrúpulos. A pesar de esta medida, la mayoría de los sepulcros acabaron siendo halladas y sus tesoros saqueados. Las únicas que permanecieron intactas fueron las de Yuya y Tuya, bisabuelos de Tutankhamón, y la del propio Tutankhamón, descubierta por Howard Carter en 1922 y cuyo fabuloso tesoro está expuesto en el Museo de El Cairo.
Si la tumba anterior es la más conocida del Valle, la decoración de la mayoría de ellas es única en lo que se refiere al concepto y a la evocación de los temas religiosos. No se trata de representar las escenas de la vida cotidiana al borde del Nilo de la misma forma que en las tumbas privadas, sino de ilustrar el viaje del rey en el más allá. Las paredes están cubiertas de textos sagrados que en el Imperio Nuevo reemplazaron a los del Antiguo Imperio y del Imperio Medio. Hoy en día muchas de estas escenas siguen siendo inexplicables en cuanto a su interpretación.
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| El Valle de las Reinas |
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Fue la Necrópolis de las esposas reales y de los príncipes que no reinaron de las XIX y XX dinastías. Su nombre era Tat Set Nefuru o “Lugar de las Bellezas”. Al igual que las tumbas del Valle de los Reyes fueron saqueadas. Ninguno de los relieves fueron esculpidos, ya que la roca era demasiada blanda; las paredes estaban simplemente recubiertas por un fino estuco modelado en yeso y luego pintadas. Presentan las mismas escenas hieráticas que en el Valle de los Reyes y tiene que ver con la supervivencia de la reina o del joven príncipe en el más allá. Si la tumba de la reina Nefertari, la gran esposa real de Ramses II, es la más conocida del Valle, la tumba de Amón-Her-Khopeshef, hijo de Ramses III es particularmente remarcable por su perfecto estado de conservación y sus colores muy vivos.
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| El Templo de la Reina Hatshepsut |
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El templo de Millones de Años de la reina Hatshepsut, de la dinastía XVIII, conocido también como templo de Deir el-Bahari - que significa en árabe “Convento del Norte” - es un conjunto único, tanto a nivel de la elección del emplazamiento como a nivel de la arquitectura. Perfectamente integrado en el acantilado, el templo forma un solo cuerpo con la “cima tebana” en donde la reina realiza su último viaje. Su santuario está situado en el corazón de la montaña. Su arquitecto y favorito Senmut demostró su genial audacia al incorporar el edifico a un emplazamiento grandioso. Destaca por su plano original: es una sucesión de planos horizontales o terrazas que se oponen armoniosamente a la verticalidad de la pared. El “Pórtico de Punt” muestra los famosos relieves que representan la pacífica expedición al país de Punt, incluyendo un admirable friso de animales acuáticos encontrados por la expedición en su periplo.
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