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El Oasis de Siwa
Es el oasis más occidental de Egipto, a unos 600 km de Alejandría, cerca de la frontera con Libia. No hay ninguna construcción faraónica anterior a la XXVI dinastía.
Amasis (568-526 a d C) construye un gran templo dedicada Amón o "templo del Oráculo"; muy pronto su fama se extiende por el mundo antiguo. Agharmi es la capital, y los extranjeros acuden allí para consultar el oráculo.
En el año 525 a d C, Cambises, hijo de Ciro de Persia, se dirige a Siwa para conquistarla al frente de un ejército de 50.000 hombres, con el fin de esclavizar a los seguidores de Amón, pero luego desaparece en el desierto: ningún rastro de supervivientes. Desde entonces y cada año, al igual como ocurre con el monstruo del Lago Ness, el ejército de Cambisses está de regreso.
En el año 331 a d C, Alejandro Magno también se dirige a Siwa; más afortunadamente, y según dicen casi muerto de sed, la lluvia cae milagrosamente. Habiendo conseguido llegar al templo, consulta el oráculo y regresa coronado faraón, inmortalizando así el oasis.
A finales del siglo III a d C, Aníbal, antes de hacer avanzar sus elefantes, envia también a uno de los suyos para que reciba el mensaje del oráculo.
Al final de la historia faraónica, el oasis, incontrolado y alejado del cristianismo, es uno de los últimos baluartes del culto a Amón: parece que subsistió hasta el siglo VII, es decir hasta la llegada del Islam.
En 1203, y según el manuscrito de Siwa, se fundó Salí, "la ciudad" en el dialecto del oasis: una fortaleza sobre la cresta de una roca; sus habitantes están reunidos en el interior del recinto. Las mujeres no tienen derecho a cruzar la única puerta, el-Bab Inshal. Los restos de la muralla de la antigua ciudad dominan hoy el centro del pueblo moderno.
En Siwa se puede visitar los vestigios del templo de Oráculo, situado en una colina y con magníficas vistas de los lagos salados y los palmerales. Al norte de la ciudad se encuentra Jebel el-Matwa o "montaña de los Muertos" con tumbas de la dinastía XXVI y de la época ptolemaica. El templo de Nectanebo II, de Umm el-Ebeida, está prácticamente destruido y solo, quedan un muro decorado con bajorrelieves y un gigantesco montón de piedras. A poca distancia se encuentra el estanque de Cleopatra, perfecto para zambullirse. Las aguas del Lago Salado en la isla de Finas resultan también una opción agradable.
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